Se dice que, mientras los otomanos tenían rodeada a Constantinopla en el siglo XV de nuestra era, los sabios de esta ciudad, que era la sede de la Iglesia de Oriente, estaban enfrascados en una discusión sobre “el sexo de los ángeles”, en vez de preocuparse por el gran ejército de musulmanes que estaba a las puertas de la ciudad.
Claro, y es que la que hoy es la ciudad más visitada de Turquía (la Estambul moderna es la antigua Constantinopla) se caracterizaba por discutir de forma interminable sobre temas que no tienen solución, como ese del sexo de los ángeles, ya que en la Biblia los ángeles no tienen sexo.
Estas son las llamadas discusiones bizantinas, esas que no llegan a ninguna parte, y esto pensaba cuando escuchaba con mucha atención un discurso que mi amigo Leonel Fernández nunca debió hacer, pues en mi caso siento que se me quiere tomar el pelo cuando afirma que en Venezuela aún había espacios para diálogos.
No sé de dónde sale la idea de que con una dictadura se dialoga, se habla, se argumenta. Si así fuera, deberíamos renegar de los héroes del 30 de mayo de 1961, que decidieron enfrentar con las armas al dictador Rafael Trujillo y lo mataron a tiros en una carretera oscura. Quizás deberían haber seguido el consejo de Leonel y convocar a una conversación con el dictador para resolver el problema por la vía civilizada.
Con un dictador y una dictadura no se dialoga; a esos se les combate, y lo debe saber muy bien Leonel, pues se encontraba en Venezuela para las elecciones del 2024, cuando se cometió un fraude descarado contra la voluntad popular, y lo que se escuchó fue solo el pedido de que aparecieran las actas que nunca aparecieron.
Y es que siempre quedó la duda de las razones por las que no se integró por lo menos la expresión “intento de fraude” en el documento que dieron a conocer Leonel y el expresidente colombiano Ernesto Samper, sino que, por el contrario, el texto, muy afín por cierto con el plan de legitimarse de la dictadura, por ningún lado habla de que no debió declararse a Nicolás Maduro como presidente, sino que hace énfasis en la publicación de los resultados electorales, que posteriormente se demostraron viciados por parte del Consejo Nacional Electoral de Venezuela.
A pesar de eso, de que todos conocemos la realidad de esos hechos, los partidos que se hacen llamar de “izquierda” en la República Dominicana, incluyendo a la Fuerza del Pueblo y el PLD, se han cuidado mucho de no llamar a las cosas por su nombre: en Venezuela lo que hay es una dictadura y se cometió un fraude electoral. Eso nunca lo han dicho, y es precisamente eso lo que justifica las acciones del gobierno de los Estados Unidos en la defensa de sus intereses.
¿Será que queremos otro diálogo como el que se desarrolló en la Cancillería de la República Dominicana en el año 2017?
Tres días estuvieron reunidos en Santo Domingo los representantes de la dictadura con la oposición venezolana. El entonces presidente Danilo Medina se sentó con ellos a “dialogar”; el inefable Rodríguez Zapatero, pagado por la dictadura, servía, según él, de mediador. Claro, el objetivo era, como en Bizancio, ganar tiempo y perderlo al mismo tiempo en discusiones que no iban a ningún lado.
Claro, mientras se dialogaba, la dictadura apresaba a los opositores y el mundo miraba cómo los venezolanos tenían que convertirse en exiliados económicos porque les era imposible vivir en su país, y, claro, la dictadura ya calculaba cómo iba a seguir engañando a todos en las elecciones pactadas para el 2030.
Los últimos acontecimientos en Venezuela nadie niega que han llenado de júbilo a los venezolanos. Ver a quien representa todo lo malo que han padecido en los últimos años, vestido de naranja y en una corte penal para pagar por sus hechos, desató el pasado sábado una ola de satisfacción inigualable.
Si usted no está contento con la liberación de Venezuela, lo menos que debe hacer es callarse. No es bueno sufrir con lo que otro goza.








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